Built medicine By: Fernanda Avila, Nicolas Sandoval, Jennifer Ayala

La psicopatología es el estudio de las causas y naturaleza de las enfermedades mentales. Puede desarrollarse según distintos enfoques o modelos, como el biomédico, el psicodinámico, el socio-biológico y el conductual, entre otros.
De acuerdo al modelo psicodinámico, por ejemplo, los procesos psicológicos son la causa principal de los problemas mentales y psicosomáticos.
La perspectiva biomédica trata a los trastornos mentales como cualquier otra enfermedad, al considerar que las alteraciones psicopatológicas se producen por anormalidades biológicas subyacentes (genéticas, bioquímicas o neurológicas). Por lo tanto, el tratamiento debe centrarse en la corrección de tales anormalidades orgánicas.
En este sentido, un comportamiento anormal es una enfermedad producida por el funcionamiento patológico de alguna parte del organismo.
Se encuentran vinculados a alteraciones del cerebro, que pueden ser anatómicas (el tamaño o la forma de ciertas regiones cerebrales fueron de los cánones normales) o bioquímicas (cuando los elementos bioquímicos que contribuyen al funcionamiento neuronal tienen alterada su función).

La psicopatología considera que los trastornos mentales orgánicos son aquellos que tienen causas físicas evidentes, como el Alzheimer, mientras que los trastornos mentales funcionales son los patrones de conducta anormales sin claros indicios de alteraciones orgánicas cerebrales.
Por último, cabe destacar que el modelo conductual de la psicopatología no establece diferencias entre las conductas patológicas y las conductas normales, ya que ambas son el resultado del aprendizaje a partir del ambiente. Por lo tanto, se lo otorga una gran importancia a las influencias ambientales en lugar de las biológicas o genéticas. El tratamiento en este modelo consiste en la modificación de la conducta tanto manifiesta como inferida.
La psicopatología, como la psicología, es vincular. Con esto queremos expresar que las conductas, y en este caso particular las llamadas anormales o enfermas pueden comprenderse como formas de vinculación de un sujeto consigo mismo y con el mundo que lo circunda. El vínculo terapéutico tiene dos polos: el del terapeuta y el del paciente. Siendo así, sólo podemos hablar de vínculo como unidad mínima de enfermedad, y de objeto de curación. Esto incluye, naturalmente, a la persona del psicoterapeuta, como el otro polo del vínculo con lo cual debemos considerar el aporte psicopatológico propio del terapeuta para la creación de un vínculo llamado transferencia (neurosis, psicopatía o psicosis de transferencia), que intenta resolverse en el proceso terapéutico como fórmula de curación. Es el tipo de vínculo el que dibuja la forma psicopatológica que habremos finalmente de observar.
La psicopatología es dinámica En la consideración longitudinal de un individuo, la psicopatología es un edificio con una estructura de base que soporta una superestructura de superficie en un interjuego de fuerzas (dinámica), que se expresa horizontalmente a través de las áreas de la conducta y de los llamados ámbitos del comportamiento.
Las áreas de la conducta son (Bleger, Pichón) concebidas como formas de comprensión y expresión de la misma y aunque pueden ser sucesivas, simultáneas o alternantes, las clasificamos por su predominio en área 1 o área de las representaciones mentales, área 2 o área del cuerpo y área 3 o área de las relaciones interpersonales.
Los ámbitos los dividimos (Bleger) en psicosocial, o relación del sujeto con su mundo interno; sociodinámico o de relación con su grupo familiar y otros primarios e institucional o de relaciones del sujeto con las instituciones básicas de su vida comunitaria (laborales, educacionales, recreativas.
En su camino evolutivo el ser humano se vincula a través de mecanismos psíquicos de proyección e introyección, que le van dando una representación interior valorativa (buena, mala o confusa) de sí mismo y de quienes le rodean.
Estos mecanismos son más intensos en la infancia y van amortiguándose con la maduración, aunque por su persistencia en la base de la personalidad reciben el nombre de psicóticos lo que equivaldría a inmaduros (los objetos no son buenos o malos, sino ideal y omnipotentemente buenos o malos.
La nosografía (agrupamientos sistematizados de los cuadros clínicos) es convergente. A pesar de las disidencias formales mantenidas durante tantos años, creemos que es posible la agrupación convergente de los hallazgos más importantes de cada escuela, lo que redundará en beneficio de terapeutas y pacientes.
De la Fenomenología tomamos especialmente sus descripciones y comprensiones de las psicosis y psicopatías fundamentales y la importancia que para ella tienen diferentes grados de desestructuración de la conciencia.
Del Psicoanálisis fundamentalmente la concepción del Inconsciente y la teoría de las relaciones objetales con su interjuego dinámico entre ansiedades y defensas.
Es así como describimos una nosografía asentada básicamente en los fenómenos observados (síntomas y signos) que se explican por el tipo de relación objetal (vinculo con objetos buenos, malos y confusos) que el sujeto mantiene con sus objetos de interés.
En la base del esquema está la estructura, donde ubicamos la matriz de la personalidad bajo la forma de núcleos psicóticos de base (confusional, esquizofrénico y melancólico) y en la superficie está la superestructura bajo la forma de cuadros clínicos defensivos (neurosis o psicopatías), cuyo derrumbe pondría en evidencia la estructura de base (psicosis. Todo ordenado de acuerdo al sitio que ocupan en el interior y en el exterior del sujeto los objetos buenos, malos o no bien discriminados, según su percepción inconsciente. En la situación de indiscriminación (estado confusional) no es posible reconocer la calidad de los objetos internos o externos. Cuando existe predominio de objetos buenos dentro (esquizofrenia) quedará un complemento de predominio malo en el exterior del sujeto y cuando existe un predominio de percepción inconsciente de objetos malos dentro (melancolía) quedará un complemento de predominio bueno en el exterior del sujeto.
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